sábado, 6 de febrero de 2016

Colores, pegatinas y planificación

El pasado 29 de enero tuvimos, nuevamente, clase de prácticas. De mismo modo que la semana anterior Sara y Raquel se ocuparon de desarrollar unos warmers al principio de clase, esta semana les tocó a la otra Sara y a Andrea, las cuales nos propusieron una serie de actividades entretenidas y divertidas: para el primer warmer, dividieron la clase en dos equipos de unas 8-9 personas y nos pidieron que nos pusiéramos en fila. Una vez colocados, Sara nos explicó que ella iría diciendo colores y el primero de la fila de cada grupo debería salir corriendo a buscar ese color en alguna parte de la clase. En el segundo warmer, se nos pidió que en los mismos grupos, nos repartiéramos unas hojas con pegatinas, de modo que hubiera una de esas hojas cada cuatro personas. A continuación, Andrea nos dio las instrucciones del juego. Esta vez deberíamos pegarnos una pegatina en la parte del cuerpo que ella comentara.

Los warmers gustaron a todo el mundo y, por supuesto, consiguieron que estuviéramos un poco más despiertos que cuando llegamos. Como puede apreciarse, estos warmers tenían el objetivo de repasar vocabulario que los alumnos habían aprendido en sesiones anteriores: los colores y las partes del cuerpo. Si bien en muchas ocasiones se rehúye de las actividades que son puramente competitivas, vemos que en la serie de actividades propuestas por Andrea y Sara, a pesar de que había competición, destacaba la cooperación entre los miembros de los dos grupos, por ejemplo, en momentos en que una persona no veía ningún objeto del color que se había dicho y los compañeros del grupo lo ayudaban o, simplemente, cuando la persona con la hoja de pegatinas estaba pendiente de repartirlas con otras tres y se aseguraba de que no se quedaran sin. Es importante, pues, que en actividades donde existe competición no se ponga todo el énfasis en este aspecto y se valoren otros.

Después de los warmers, pasamos a ponernos en los mismos grupos de la semana anterior, es decir, con las personas con las que habíamos hecho una planificación de una unidad relacionada con la cocina y la comida. Habíamos tenido que elegir, también, a quién dirigíamos esa planificación: a madres inmigrantes, a jóvenes de Erasmus, a adolescentes en un curso de verano… y, a continuación, a establecer una lista de objetivos (gramaticales, culturales, estratégicos, funcionales, etc.) que pretendíamos satisfacer con nuestra planificación. En esta ocasión, se nos pidió ir más allá y pensar en las actividades exactas que realizaríamos (y que formarían, así, parte de esta planificación) en una sesión de 1,5 – 2 horas para satisfacer algunos de estos objetivos.

Pasados unos minutos, los grupos habían terminado sus planificaciones y se les pidió que eligieran un portavoz, el cual iba a ser el encargado de presentar a los compañeros la planificación que había establecido su grupo. En general, las actividades que cada grupo había pensado para su planificación respondían a los objetivos que se habían planteado en un principio y, además, los distintos grupos lograron establecerlas de modo que se intercalaran dinámicas para que la secuencia resultara más amena. No obstante, en algunos grupos no se veía clara la transición entre las actividades o se había planteado un número de objetivos demasiado alto, lo cual se traducía en unas actividades demasiado ambiciosas, teniendo en cuenta que la planificación iba destinada a alumnos de un nivel bajo de español. La puesta en común nos sirvió, pues, para darnos cuenta de qué podíamos mejorar y de qué ya habíamos conseguido disponer de forma adecuada.

En definitiva, considero que de la sesión del 29 de enero nos podemos llevar dos aprendizajes. El primero, que a competición no es mala per se en un aula, todo depende de cómo se trate y de la importancia que se le dé para que los alumnos actúen de un modo u otro. El segundo, que las planificaciones son costosas de hacer, ya que se deben tener en cuenta muchos aspectos, y normalmente no salen bien a la primera. Lo importante es no frustrarse y, tras ver que hay algún aspecto que no acaba de funcionar, pensar en cómo pulirlo y volverla a probar con nuestros alumnos.


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