viernes, 23 de octubre de 2015

Minya zabut Amanda. Kak tibya zabut?

Así empezó la fantástica clase de ruso para principiantes en la que se convirtió el pasado lunes 19 de octubre la asignatura de metodología. Begoña nos había comentado la semana anterior que vendría alguien a darnos una clase de una lengua X y que nosotros, sin darnos cuenta, nos convertiríamos en estudiantes de una lengua extranjera. A pesar de estar avisados, nos sorprendió mucho ver a Amanda (la profesora que tuvimos) arrancarse a hablar en ruso.

El motivo por el que Amada nos ha dio la clase es que Begoña quería mostrarnos que una clase de español para extranjeros puede realizarse perfectamente en español. Y efectivamente, después de la experiencia, puedo afirmar que uno puede recibir una clase en un idioma del que no tiene absolutamente ninguna idea. El problema, esos sí, es cómo hacerlo de modo que el estudiante no se agobie. Pero creo que Amanda se convirtió en un claro ejemplo de lo que hay que hacer. Por ejemplo, acompañó de gestos en cada momento todo aquello que explicaba, cosa que ayudaba a seguir lo que nos quería decir; dio unas instrucciones breves y concisas, con el vocabulario justo y mostrando siempre un ejemplo; no usó muchas palabras en sus explicaciones, miraba de ajustarse a aquello que era absolutamente necesario, de manera que no teníamos la sensación de ser bombardeados continuamente con nueva información; se ayudó de imágenes para mostrar distintos objetos de los que quería que aprendiésemos la palabra equivalente en ruso y, a pesar de hacernos trabajar con el mismo vocabulario varias veces, cambió la dinámica de las actividades para que no resultaran repetitivas y monótonas.

Disfruté muchísimo de la clase y el hecho de ver como Amanda se desarrollaba en una clase de ruso para principiantes (si bien era una situación ficticia, los métodos que ha utilizado pueden considerarse totalmente aplicables a una clase de verdad), me permitió imaginarme haciendo lo mismo en un futuro y, por supuesto, disipar todas mis dudas sobre si es posible o no dar la primera clase en la lengua objeto de estudio. Por otro lado, me sorprendió ver como, tras recibir esta lección, todavía había algunos compañeros que se mostraban escépticos a esta práctica y, también, escuchar los comentarios de otros que decían que se sentían incómodos al dar clase enteramente en español cuando conocían el idioma de los alumnos. Por mi parte, Amanda me dejó totalmente convencida de la eficacia de dar una clase en la lengua meta, ahora solo falta que cuando vaya a hacerlo yo me salga tan natural y con tanta facilidad como a ella. Mnie nravitskya russkiy.

1 comentario:

  1. Jennyfer, interesante reflexión. Creo que es bueno ponerse en la piel de otros para experimentar qué siente un alumno en una situación concreta.

    No obstante, como dices en tu comentario, eso no significa que se pueda (ni se deba) convencer a todos, este tipo de actividades nos permiten reflexionar sobre lo que hacemos y el porqué y, sobre todo, ¿para qué?, como muy bien sabes. En definitiva, replantearnos nuestras acciones didácticas nos permiten mejorar nuestra labor docente.

    ResponderEliminar